Vejiga Hiperactiva, la incomodidad está servida

¿Vas muchas veces al lavabo? ¿Te despiertas por la noche para ir a hacer pis? ¿Tienes constantemente ganas de orinar aunque ya hallas ido? Tal vez tengas una hiperactividad vesical.

¿Qué es la hiperactividad vesical?

La hiperactividad vesical se caracteriza por un deseo recurrente, en ocasiones imperioso y/o súbito de hacer pis, con elevada frecuencia miccional y en ocasiones volúmenes excesivamente pequeños, lo que llamamos polaquiuria.

Es una disfunción del sistema nervioso parasimpático, que se puede acompañar de alteraciones motoras, estructurales y de la estática pelviana.

Produce gran incomodidad en quien lo sufre dado que hace que el paciente acude demasiadas veces a orinar, no pueda posponer el deseo o tenga dolor.

En ocasiones aparta incluso de la vida social y del deporte, y puede ser causa de depresión.

La hiperactividad vesical se valora idealmente haciendo un examen urodinámico, en el que se llena la vejiga y se anota cuándo aparece el primer deseo miccional, cuando este deseo se vuelve doloroso y la capacidad de llenado de la vejiga; es decir, su acomodación.

La urodinámica es una prueba urológica, y debería ser realizada siempre que se sospeche de una hiperactividad vesical con hiperactividad detrusoriana, en cuyo caso se precisan a veces la toma de anticolinérgicos.

No obstante desde la fisioterapia tenemos otras herramientas como el calendario miccional que nos da muchísima información sobre los hábitos, ingestas y volúmenes de vaciado de la vejiga, lo que nos sirve tanto como diagnóstico como tratamiento.

Funcionamiento de la vejiga

La vejiga es un órgano cubierto por una capa musculosa lisa y una submucosa, controlada por el sistema nervioso vegetativo o sistema nervioso autónomo, el mismo que controla la función intestinal, respiratoria o cardíaca. Está mediado por una serie de neurotransmisores y ligado al sistema emocional (hipófisis), de ahí que los estados de ansiedad o depresión modifiquen la actividad visceral.

La uretra por su parte es la continuación de la vejiga, con una longitud variable entre hombres y mujeres de unos 20 cm, siendo la del hombre más larga y teniendo varias porciones que atraviesan la próstata. La uretra posee dos esfínteres, uno interno con actividad neurovegetativa o involuntario y otro externo con actividad somática o voluntaria. En condiciones de llenado deben encontrarse cerrados y por contra relajados en fase de vaciado.

El tono esfinteriano también está regulado por el sistema nervioso vegetativo, y al igual que la vejiga tiene unos receptores que responden a la liberación de determinados transmisores.

Cómo funciona nuestra vejiga

El deseo miccional viene marcado por la sensibilidad de nuestra vejiga, cuyos receptores avisan a determinados volúmenes cuándo es la hora de vaciar, en cuyo momento decidimos orinar o posponer.

Conforme se estira la vejiga en su llenado, se activan los receptores que nos indican que debemos orinar. En este momento si decidimos orinar el detrusor se contraerá y los esfínteres se relajarán permitiendo la micción. Cuando hallamos terminado el vaciado los esfínteres se contraerán y la vejiga deberá relajarse de nuevo para seguir permitiendo el llenado.

La vejiga hipersensible o hiperirritable se produce cuando los receptores de llenado nos avisan demasiado pronto, haciendo que el primer deseo aparezca muy rápido para un volúmen inferior a lo normal.

Por su parte, la hiperactividad del detrusor (músculo que recubre la vejiga) se produce cuando este se contrae a volúmenes demasiado pequeños haciendo que aparezcan ganas de hacer pis.

Podemos pues tener una vejiga hiperactiva tanto por alteración sensitiva como por alteración motora, y en función del tipo de hiperactividad el tratamiento será uno u otro.

Los motivos de la hiperactividad vesical incluyen:

  • Toma de excitantes e irritantes
  • Alteración del sistema vegetativo
  • Problemas renales
  • Envejecimiento de la vejiga
  • Dilatación de la uretra
  • Alteraciones del sueño
  • Trastornos emocionales
  • Ansiedad
  • Malos hábitos

«Los motivos son diversos, las causas distintas y deben ser evaluadas. Recuerda que el síntoma es solo síntoma, no explica lo que tienes.»

Edurne Escalada

Hiperactividad vesical como alteración miofascial

En ocasiones la hiperactividad vesical es el resultado de una alteración miofascial, produciendo una rotura en la tensegridad, estabilidad y movimiento de las diferentes estructuras extra y endopelvicas que controlan la gestión de la presión y favorecen las dinámicas pélvicas (miccional, defecatoria y sexual).

En resumidas cuentas, acaba produciéndose un fallo en el soporte, estabilización y elasticidad-resistencia de las diferentes estructuras ligamentosas, fasciales y musculares y esto conduce a un desequilibrio del sistema vegetativo que altera la vejiga.

Puede existir además tenesmo vesical (sensación de no vaciar bien la vejiga o escozor como si hubiese infección), dolor vesical, hormigueos, sensación de pesadez en el pubis y en el periné, molestias asociadas en caderas, ingles o zona lumbar.

En estos casos la urodinámica puede ser normal, y la/el paciente tener la sintomatología descrita. Suele ser común en vejigas hipersensibles más que en hiperactividades detrusorianas.

La presencia de puntos gatillo miofasciales es habitual en estos pacientes, así como alteraciones de tipo vascular e incluso atrapamientos pudendales.

Tratamiento funcional de la vejiga

La rehabilitación funcional de la vejiga consistirá en medidas comportamentales, reeducación de hábitos, autoconocimiento de la región pélvica y perineal, mejora de la propiocepción pélvica, terapia manual, aspiraciones diafragmática, neuromodulación, punción seca, radiofrecuencia pélvica, reeducación abdomino-pelviana, terapia visceral, etc.

«L@s pacientes suelen responder muy rápido a la terapia, aunque la parte activa siempre será necesaria. El equilibrio emocional es básico, en una disfunción que tiene un fuerte componente emocional y sensorial»

Edurne Escalada

El suelo pélvico y las mucosas guardan relación con la vejiga

El suelo pélvico guarda una relación estrecha con la vejiga y los órganos de la pelvis menor por su continuidad miofascial y por estar ligada su actividad a la micción y al llenado. Además tener una musculatura con un tono y reflejos adecuados se asocia a un mejor trofismo, vascularización e inervación tanto por la parte sensitiva como por la parte motora.

La atrofia vaginal, el envejecimiento de los tejidos, la menopausia y alteraciones hormonales pueden deteriorar las mucosas y el suelo pélvico. No es raro por tanto encontrar pacientes que desde la menopausia (ya sea natural o por inducción por alguna enfermedad), empiecen a presentar síntomas como los descritos. En la exploración se pueden encontrar otros hallazgos como sequedad, pérdida de elasticidad tisular, falta de tono de la musculatura pélvica o hiperactividad del suelo pélvico.

Además la recurrencia de infecciones urinarias puede producir posteriormente una hiperactividad vesical. La mucosa se irrita ante las infecciones produciendo un espasmo de la musculosa, que pueden perpetuar los síntomas de la infección incluso una vez resuelta.

L@s pacientes con alteraciones del tránsito intestinal también pueden verse afectad@s, ya que su sistema común mucoso está afectado por un desequilibrio de la microbiota, pudiendo haber disbiosis. Puede verse en pacientes con síntomas de intestino irritable, enfermedad celiaca, de crohn y en sensibilidades al gluten, lactosas o sorbitol.

Los pacientes sometidos a radioterapia o tratamientos de quimioterapia también están en riesgo de desarrollar estos síntomas.

El diagnóstico pues por parte de un Fisioterapeuta experto en salud pelviperineal, el soporte médico por parte de Urólog@s, incluso el trabajo interdisciplinar con otros profesionales de la salud como nutricionistas y psicólogos será fundamental para resolver el cuadro.

Publicado por Edurne Escalada

Fisioterapeuta Uroginecológica y Obstétrica. Especialista en Terapia Manual y dolor miofascial

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